Déjalo ir

 

Uno de mis grandes secretos es que siempre tengo miedo. Tengo miedo a equivocarme. Tengo miedo a seguir mis propios consejos. Tengo miedo al cambio. Tengo miedo de dejar ir las cosas.

Los amigos son la familia que puedes elegir. Personalmente, tengo un historial de malas elecciones que me han enseñado mucho de la vida. Estos errores me convirtieron en la persona que soy. Y aunque borrar a alguien de tu vida es difícil por toda la historia juntos, la mayoría de veces es la decisión correcta. Todos somos el promedio de las cinco personas más cercanas por lo que es necesario eliminar a aquellos que actúan como anclas y veneno. Muchas veces simplemente necesitamos dejarlos ir.

Por otra parte, toda buena historia tiene una niña en la trama. Siempre hay un niña. Puede existir hace 15 años o hace dos años. Las razones son irrelevantes: probablemente era muy joven. Probablemente era muy estúpido. Probablemente la amé demasiado. Aunque el final siempre es difícil, todo lo bueno fue bastante bueno. Creo que todos aprendemos de estas experiencias. Terminar una relación es la medicina que necesita el paciente aunque éste no lo sepa. No lo sabía hace 15 años. No lo sabía hace dos años. Simplemente lo se ahora. Tenía que dejarla ir.

Durante toda vida me he encontrado con personas que he llegado a considerar mis enemigos. Personas que me han hecho tanto daño y que prometí que me vengaría algún día. Personas que tendrían que arrepentirse de todo el daño que me hicieron a mi o a alguien que estimo. Personas a las que tuve en una lista para recordar esa promesa de venganza. Fue hasta hace poco tiempo que descubrí el daño que me hacía al guardar todo este odio. Estaba tomando todo ese veneno esperando que las demás personas murieran. Convertirme en la mejor persona que puedo ser es el mejor castigo para ellos. Mi lista de enemigos ya no existe. Era algo que tenía que dejar ir.

La vida es un juego que podemos jugar una sola vez pero — si lo hacemos bien — una vez es suficiente. Ahora fue mi último día de trabajo en la que consideré mi casa por más de seis años. La decisión nunca es simple. Ninguna decisión que vale la pena lo es. Muchas decisiones implican un cambio y puede ser que ese sea el problema: Tengo miedo al cambio. Tengo miedo a equivocarme. Tengo miedo a seguir mis propios consejos.

Aunque escribiré mucho más al respecto, todos estos años me han hecho aprender lo que significa dejarlo ir. Al final del día no tengo el mismo miedo. Simplemente era tiempo de dejarlo ir.